¿Has tenido la sensación de estar pisando firme en la arena? Suele pasar que es un suelo entre áspero y suave, con esas texturas excitantes. De pronto llega una ola marina que humedece tu plataforma y te reduce altura pues ahora te encuentras hundido.
Es tan cotidiano encontrarnos con momentos que nos hacen sentirnos confortables como en el mar. Nos sentimos libres y a nuestras anchas, pero la infranqueable realidad nos sujeta del cuello y nos dice que paremos de soñar. Es allí cuando llega el momento de reaccionar, dado que nuestro cuerpo ya se encuentran hasta el cuello dentro de esa trampa de arena que segundos antes era cama o suelo confiable.
¿No es acaso la misma sensación al estar con la persona y en el sitio ideal? Es curioso que solo demos cuentas a nuestros sentidos de la maravilla de sentirse plenos. En ningún instante somos capaces de darles aunque sea un indicio real de alerta. Solo prejuicios, únicamente paranoias que no empatan ni por un instante con el momento. Ahora, ¿cómo puedo yo siquiera juzgarte cuando te veo tan ideal? La simpleza sería saber que detrás de esa apacible calma expuesta en el horizonte de tus ojos se esconde una abrupta ola dispuesta a envestirme apenas cierre los míos y respire profundo para en ese mismo momento entrar en mis pulmones para ahogarme…
Me asusta pensar que tras tu rostro sonriente se esconda una malévola intención…