Lineas difusas

La mirada en el aire, un suspiro en el viento, cierra los ojos, sigue adelante...

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Sand(y) y yo...

¿Has tenido la sensación de estar pisando firme en la arena? Suele pasar que es un suelo entre áspero y suave, con esas texturas excitantes. De pronto llega una ola marina que humedece tu plataforma y te reduce altura pues ahora te encuentras hundido.


Es tan cotidiano encontrarnos con momentos que nos hacen sentirnos confortables como en el mar. Nos sentimos libres y a nuestras anchas, pero la infranqueable realidad nos sujeta del cuello y nos dice que paremos de soñar. Es allí cuando llega el momento de reaccionar, dado que nuestro cuerpo ya se encuentran hasta el cuello dentro de esa trampa de arena que segundos antes era cama o suelo confiable.


¿No es acaso la misma sensación al estar con la persona y en el sitio ideal? Es curioso que solo demos cuentas a nuestros sentidos de la maravilla de sentirse plenos. En ningún instante somos capaces de darles aunque sea un indicio real de alerta. Solo prejuicios, únicamente paranoias que no empatan ni por un instante con el momento. Ahora, ¿cómo puedo yo siquiera juzgarte cuando te veo tan ideal? La simpleza sería saber que detrás de esa apacible calma expuesta en el horizonte de tus ojos se esconde una abrupta ola dispuesta a envestirme apenas cierre los míos y respire profundo para en ese mismo momento entrar en mis pulmones para ahogarme…


Me asusta pensar que tras tu rostro sonriente se esconda una malévola intención…

miércoles, 14 de septiembre de 2011

(A M) Antes Meridiano



Epílogo...





(Texto publicado originalmente el 26 de septiembre del 2010 a las 20:55 hrs.)

jueves, 10 de febrero de 2011

La mirada en el aire III

La mIrada en eL aIre III

Date algunos segundos para respirar, no temas. Estoy aquí, soy un espíritu en pena cada vez que lloras, soy en quien puedes confiar, soy aparte de tu amigo parte de tu ser, y esta noche quiero verte respirar profundo. Hoy es una noche donde el viento puede hacer volar tus lágrimas y despejar tus emociones cubiertas de tristeza. Deja que la frescura nocturna te rodee y permíteme ser testigo de tu paz.
Y cada vez que te sientas a punto de estallar recuerda que tus piernas pueden llevarte muy lejos, y que si estás cansada, el universo por algo te brindó otra alternativa que se llama “sueño”. Aprovéchalo y hoy vete a descansar pensado que mañana será mejor. Déjame cuidar tu sueño a través de mis deseos, porque solo así puedo confiar en que estarás bien.
Si estas al borde del delirio y no sabes acudir a nadie, camina algunos pasos y aquí estaré para encaminarte a un sitio tranquilo.

Busca serenidad y aléjate del ruido. Si los números y cuestionamientos son inexorables piensa en que solo es un instante y que esa realidad es solamente una pesadilla…Estás a punto de despertar, te levantarás y notarás que tu sueño es tu verdad, que es así como puedes vivir, que tu sonrisa vale más que una moneda, que la vida es tan intensa como tú quieras,que vales mucho la pena mujer...

Como el sol como esperanza de vida, déjate observar por el cielo, deja que tus ojos brillen más fuerte que nunca con el rocío de tus lágrimas limpias. Ahora serás más fuerte que nunca, eres feliz, eres la mirada en el aire que colma de alegrías este silencio tan frió que acompaña a este ser errante por la oscuridad.... 

jueves, 13 de enero de 2011

Mi instante de intolerancia

Necesito un instante lejos de este sitio, miro a la gente e intolerancia es lo que se mira. Yo también he tenido deseos de sacar una bazuca y eliminar tanto rastro de indeseable compañía tengo como acompañante. Tan solo veo que nadie está dispuesto a ceder su asiento, a dar el paso en las largas filas cuando es el último quien en verdad lleva la prisa. Y sin embargo se atraviesa el que está a tres lugares de llegar, es aquel intolerante que rompe con los apenas ligeros intentos de orden. Y observo el rostro inmaculado e inocente de mi agresor (y esa sí como empiezo a imaginarme esta historia), y lo grito por los ojos para ver si tan siquiera mi desprecio ocular logra causar algún remordimiento en su interior. Pero no es así, porque el nefasto ni siquiera se atreve a mirarme, porque pasa indiferente pitorreándose de mi rabia y permitiendo que mi grito desesperante enmudezca. ¿Quién es ese hijo de perra? Para colmo alguien más miserable que yo, es solo alguien que piensa que la educación paso de “moda” y que la apatía lo más “in”, descubro su vacio a medida que lo observo tambalearse por el desequilibrio emocional por escuchar mi sonoro veneno: “¡chingas a tu puta madre!”; el encuentra antídoto golpeando mi rostro con puño cerrado mientras su puta perra madre se encuentra intacta en su casa. Posiblemente la señora morirá hoy cuando le notifiquen que su amado tesoro está tras las rejas por haber golpeado a un hombre “respetable”. Más aun, difícil será para ella no poder ayudarle porque apenas los diez mil pesos de fianza que le piden para liberar a su cachorro y no proceder a encerrarlo bajo la sombra del reclusorio serán inalcanzables para la mujer que desde hace tres años vive de la caridad de los desconocidos, y peor será que el hombre agredido intentará hablar para perdonarlo, pero su tráquea fracturada será el canal que impedirá su fluido lenguaje.
La vida será complicada a partir de hoy, no muchos aprecian al hombre tras las rejas y quienes lo hacen carecen de solvencia. No pueden ayudarle porque el hombre casi al borde del coma era un opulento licenciado neurótico que irónicamente a pocos segundos del golpe también experimentó un infarto cerebral y apenas el primer impacto en el cráneo provocó el derrame que en las próximas horas causaría la muerte del buen hombre dispuesto a perdonarle.


La familia furiosa del finado no será tan benévola. La madre del homicida venderá a bajo precio sus últimos tesoros pues nadie valora los recuerdos y la añoranza, el efectivo no conoce de emociones y el desconocimiento del nuevo crimen hará inútil el esfuerzo. La madre habrá sido asesinada inconscientemente por su miserable hijo y el huérfano cargará en su cautiva conciencia la huella de dos asesinatos en el mismo día.


Y así la vida trascurre todos los días dejando un testimonio de lo fácil que es complicarla. Nuevos invasores ocuparan por la prescripción el pequeño espacio deshabitado ya por la madre olvidada, arrojada a una fosa común y sin un último adiós por parte de nadie. La muerte del perro arrojado a las alcantarillas o a los vertederos pudo ser más honorable que el de esta mujer que merecía un respeto.


El preso será olvidado y sometido a perpetua por homicidio “calificado”, porque su único delito fue haber sido impulsivo en su único verdadero mal día, en el día en que debió de haber guardado más paciencia y no empatarse con un rival semejante: un ser humano.